Tu correo, y ya.
Te enviamos un enlace para verificar la dirección y la descarga empieza sola. Sin cuenta, sin contraseña. Pedimos el correo por una sola razón: avisarte cuando haya una versión nueva.
Lo que hacemos con tu correo: guardarlo para avisarte de versiones nuevas y saber cuánta gente está probando Iter. Nada más — ni anuncios, ni terceros, ni reventa. Escríbenos y lo borramos.
Te lo acabamos de enviar.
Abre el correo que llegó a y pulsa el botón. El enlace vence en 24 horas.
¿No aparece? Mira en spam o en Promociones — un remitente nuevo suele caer ahí la primera vez. Si lo encuentras allí, marcarlo como «no es spam» nos ayuda a que el siguiente llegue bien.
Listo. Aquí está Iter.
Tu descarga debería haber empezado sola. Si no, pulsa aquí:
Al abrirlo por primera vez, el sistema va a preguntar. En macOS, Iter pide tres permisos —Accesibilidad, Grabación de pantalla y Micrófono— y cada uno se explica en una línea al arrancar. Ninguno permite que algo salga de tu máquina; puedes comprobarlo tú mismo con el wifi apagado.